The Last of Us, Joel y la masculinidad que ya no sirve
The Last of Us, Joel y la masculinidad que ya no sirve
Subtítulo: Una lectura del videojuego (y la serie) como espejo del colapso de la paternidad, el ego masculino y la ilusión del salvador.
The Last of Us no es solo un juego de supervivencia. Es una tragedia sobre la masculinidad cuando ya no hay mundo que proteger. Y Joel es de los personajes más honestamente crueles y humanos que han salido de una consola. No porque sea un villano, sino porque es la consecuencia directa de un sistema que ya no funciona.
Cuando el amor se confunde con control
Joel no es un antihéroe porque sea violento. Es un antihéroe porque confunde el amor con el control, la protección con la propiedad. Cree que salvar a Ellie es un acto de bondad, cuando en realidad es una decisión desesperada para no volver a perder sentido en su vida.
Sarah: la familia ideal que ya estaba rota
La historia explora al padre desbordado, al hombre que viene de una vida rota antes incluso del apocalipsis: sin madre en casa, con una hija que asume el rol emocional de “madre de su padre”, con un trabajo que da estructura pero no dignidad.
Sarah representa esa idealización de la familia nuclear americana que ya se había roto antes de que los infectados aparecieran. Cuando Sarah muere, no muere solo su hija: muere el único rol que le quedaba.
Ellie como segunda oportunidad (y como trampa)
Ellie no es solo una niña en peligro: es una segunda oportunidad de que su existencia tenga sentido. Pero esa segunda oportunidad también es una mentira. El momento clave no es cuando Joel la salva. Es cuando miente.
Le niega su derecho a elegir. Y en ese gesto se revela todo: no la protege, la retiene. No la cuida, la usa. No por maldad. Por necesidad.
La serie y el retrato del hombre que no sabe ser sin el papel de protector
La serie de HBO, al igual que el videojuego, amplía estos dilemas: trauma, venganza, violencia estructural… pero lo más brutal es que nunca termina de castigar a Joel. Solo lo muestra. Como producto de su tiempo. Como un hombre que, en el fondo, no sabe existir sin el papel de protector.
Y por eso muchos jugadores (y espectadores) lo aman: porque lo entienden. Porque también fueron criados para confundir cuidado con control, amor con dependencia, violencia con acción.
Herencia tóxica: The Last of Us II
The Last of Us II empuja esto aún más lejos. Ellie hereda no solo el dolor, sino la narrativa: cree que la venganza le dará cierre. Pero esa venganza, igual que el amor de Joel, es otra mentira. Otro intento de controlar lo incontrolable.
Dos preguntas que no te sueltan
Joel no es un monstruo. Pero tampoco es un héroe. No te da un personaje que quieras ser. Te da un personaje que te obliga a preguntarte:
Pregunta 1
“¿Por qué quiero tanto salvar a otros?”
Pregunta 2
“¿De qué estoy huyendo cuando digo que lo hago por amor?”
🎙️ Si quieres, esto se convierte fácil en guion de podcast (con bloques, pausas y frases “ancla” para narración).

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