Star Wars y su Análisis Político: Más Allá del Revisionismo

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Star Wars y su Análisis Político: Más Allá del Revisionismo

15 min read · May 22, 2025
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Hace ya unos años que se estrenó la trilogía de precuelas de Star Wars (Episodios I al III), dirigida por George Lucas. Hoy, hay quienes consideran el Episodio III una obra maestra del desarrollo de personaje, y al Episodio II como una pieza clave en la construcción del lore galáctico. Pero es necesario recordar que, en su momento, esta trilogía fue ampliamente despreciada: tachada de incoherente, aburrida y mal dirigida.

Y no sin razón. George Lucas es un visionario del worldbuilding, sí, pero no un gran narrador de escenas ni un hábil director de actores. Su incapacidad para dirigir emociones complejas convirtió a personajes fundamentales en caricaturas planas o, en el caso de Anakin, en un “incel guaperas” antes de que supiéramos siquiera qué significaba eso. Paradójicamente, esta caracterización terminó funcionando muy bien en The Clone Wars, donde guionistas más hábiles consiguieron hacer creíble, o al menos legítima, la caída de Anakin hacia el Lado Oscuro.

La crítica aquí no es para hundir a Star Wars, sino para evitar el revisionismo acrítico que intenta convertir en obras maestras lo que fueron — en su tiempo — apuestas arriesgadas, mal ejecutadas, pero repletas de ideas potentes. Porque si algo tenía Lucas era visión: un universo entero construido con presupuestos limitados, una mitología propia creada literalmente tras un paseo por la tiendas de disfraces del chino al lado de su estudio, y un enfoque infantil que, a la larga, ha demostrado ser más duradero e influyente de lo que muchos quisieron admitir en su momento.

🎭 De dramas políticos autofelatorios a epopeyas con banda sonora infantil

Los 2000 fueron una época curiosa. Reinaban los dramas políticos densos y pretenciosos, los thrillers de atracos con giros “nolanianos”, y las series que convertían a cualquier político en una mezcla entre Light Yagami y L. El espectador medio salía del cine sintiéndose más inteligente de lo que realmente era, como si haber entendido tres capas de diálogo le otorgara un máster en relaciones internacionales.

Y, sin embargo, Star Wars ya lo había dicho todo. Sin necesidad de tanta pompa ni floritura. La política, al final, es mucho más simple — y mucho más sucia — que lo que esos dramas querían vendernos: a veces es la historia de héroes medio rotos entre transistores; otras veces, los líderes tienen la cara más larga que el reparto completo de La que se avecina. Hay senadores idealistas que de verdad creen estar haciendo lo mejor para su pueblo, y también hay verdaderos hijos de puta como Palpatine, que no necesitan excusas complejas ni traumas pasados para ser el mal encarnado.

George Lucas fue acusado de simplista, de maniqueo, de hacer un cuento de buenos contra malos. Incluso se le tildó de tibio socialdemócrata (spoiler: lo es). Pero con el tiempo, su visión ha demostrado tener una fuerza política que, aunque sencilla, es más efectiva que muchas tramas rimbombantes y mal cerradas — te estamos mirando, Juego de Tronos. Porque en el fondo, y solo a veces, la historia sí es eso: la lucha entre el Lado Oscuro y los Jedi. No más. No menos.

🏛️ La historia le dio la razón a George (aunque muchos no quieran admitirlo)

Palpatine. Donald Trump. La prueba viviente de que nuestros miedos, mal gestionados, nos convierten en masas descerebradas. Una de las subtramas políticas más ignoradas — e incluso ridiculizadas — en su momento fue precisamente esa: el ascenso legal de Palpatine al poder absoluto. En los 2000, la mayoría de politólogos (normalmente de izquierdas y salidos de facultades de Ciencias Políticas) veían esa parte como una simplificación para niños. “Las cosas no son tan fáciles”, decían. “En la realidad hay dinámicas geopolíticas complejas, relaciones internacionales, intereses cruzados”.

Pero mira tú por dónde: George Lucas tenía razón.

Cualquier chavala de 19 años que militara entonces en un colectivo de izquierda recordará esa actitud condescendiente. Y, por otro lado, estaban los “trufrikis” que decían que Star Wars “no era política”. Sí, claro, José Luis: los putos Ewoks como metáfora de la guerra de Vietnam y el Imperio Galáctico como analogía nazi no eran suficiente, ¿no? Ese fermento antiwoke, que más tarde explotaría, ya se estaba cociendo ahí.

Fue la poleteka la que se cargó la saga, no Lucas. Gente que en su momento rajó de la trilogía, ahora habla del Episodio III como si fuera El Padrino II. Sin raguear, pero venga ya.

Porque sí: la trilogía tiene dirección cuestionable, diálogos de cartón y escenas mal ejecutadas. Pero sus ideas… sus ideas eran más agudas de lo que muchos quisieron ver. Ideas sobre el colapso de los ideales, sobre la corrupción de la Fuerza, sobre el fanatismo bienintencionado que sin querer allana el camino para la ultraderecha.

⚔️ Los Jedi como crítica (y la trampa de creerse neutral)

Porque los Jedi, seamos claros, son una crítica brutal a la socialdemocracia estadounidense. Una élite moralista que, desde su templo piramidal (fuera de Coruscant, lejos del barro), predica la paz, la justicia y la moderación… mientras da su beneplácito a guerras encubiertas, maniobras políticas turbias y — dato no menor — la creación de un ejército clónico sin voluntad ni ciudadanía. ¿Te suena? ¿Estados Unidos? ¿Europa?

Un cuerpo espiritual/religioso supuestamente neutral que actúa como brazo armado del Senado, que teoriza sobre ética pero jamás pone en duda su rol institucional, y que vive en la gloria de sus dogmas mientras la ciudad bajo ellos — literalmente — se pudre en corrupción, desigualdad y violencia.

Lucas no inventó la política, pero clavó su crítica.

🕳️ No somos tan listos: Palpatine, los Sith y el neoliberalismo

La otra cara de la moneda antipretenciosa también es brutal. House of Cards nos ha vendido que los políticos de ultraderecha son peña que maneja las pasiones de la masa con una maestría escalofriante, con un poder de empatía y manipulación adaptativa que los convierte en monstruos estratégicos. Eso nos deja con dos ideas profundamente mal pensadas: primera, que somos más listos y menos manipulables de lo que realmente somos; segunda, que los dirigentes políticos son una especie de semidioses nórdicos, envueltos en guerras intestinas épicas y moralmente turbias pero ejecutadas con sublime elegancia.

Pero Palpatine, ese “malo maloso” que se reía entre truenos de rayos y operaba desde un despacho, nos enseñó otra cosa: que como sociedad somos bebés. Y esto no va del nivel cultural (no es un tema de si estudiaste en la Complu o no): es instintivo. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio al sufrimiento…

No nos gusta admitir que somos manipulables. Pero con lo que está pasando en Palestina, y la defensa reverteriana de los intereses estadounidenses, se ve claro: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.” A veces, para “salvar la democracia”, se vota a un dictador. A veces, la República necesita del Imperio. Porque si no, ¿cómo va a sobrevivir la civilización?

🧨 “Financiar al enemigo”: la conspiración que se cuenta sola

Y mientras tanto, a los enemigos se les provoca con dinero, se les engorda desde dentro para luego tener justificación para reventarlos. Como hizo Sidious. Mejor pagar a tu enemigo, permitir que crezca, darle forma… y después, aparecer como el salvador de la paz. Defender la democracia mientras se sabotea.

Ya se puede decir.

Apenas hace unos días, Netanyahu reconoció que su gobierno había financiado a Hamas para tener un enemigo. Las negociaciones — aunque jodidas — estaban yendo bien con Fatah (que no era precisamente el paraíso laico que algunos romantizan, pero al menos el Frente de Liberación de Palestina había conseguido sentar en una mesa a ramas del islamismo radical, socialdemócratas y algún que otro colega más fan del temuca del Sendero Luminoso de Rage Against The Machine que del marxismo real: picos en vez de ideas claras).

Desde aquí, solo respeto por nuestros compas palestinos que intentaron coordinar semejante mastodonte político.

Pero volvamos a Star Wars. La trama de los tres primeros episodios gira en torno a Palpatine financiando a los separatistas mientras calienta a la República desde dentro para convertirse en Canciller Supremo. Del mismo modo, Israel — como ya han reconocido — financió a la rama más radical (cuestión de perspectivas) de la coalición antiimperialista: Hamas. Luego rascas un poco y ves que ese partido tiene un aire al Vox de allí, cambiando a Pelayo por Alá, pero vaya, cosas que pasan.

🧠 Lucas, los vídeos virales y el “Star Wars no es política”

Se están viralizando ciertos vídeos que a más de un extremocentrista le habrán provocado un microaneurisma. ¿¡CÓMO QUE LOS EWOKS SON VIETNAMITAS!? ¿¡Que una obra nacida en plena guerra de Vietnam tenía críticas al imperialismo estadounidense!? ¿¡QUE EL IMPERIO GALÁCTICO ESTÁ BASADO EN LOS NAZIS Y NO ERA SOLO UNA DECISIÓN ESTÉTICA!?

Como decía Franco: “Haga como yo, no se meta en política.”

Pues lo siento, José Luis, pero el puto autor de la obra tiene que salir a explicarte que su historia es antiimperialista, antifascista y una crítica directa al poder hegemónico, solo porque tú quieres justificar en redes que “el Imperio tenía razón”.

🧱 Seguimos diciendo que estos eran los 2000

No voy a recrearme mucho, pero haced memoria: era una época en la que el capitalismo estaba de puta madre. José Luis cobraba 3.000 euros en la obra mientras su compa en B, marroquí o latino, como peón, se llevaba 900. Currabas en la Volkswagen para comprarte un Mercedes. Nadie tenía ni puta idea de lo que iba a pasar en 2008.

Y pasó.

Y ahí estaba Lucas, haciendo personajes como Palpatine, precedentes de Trump, críticas evidentes a Bush (aunque ya le hubiera gustado a Bush tener media neurona de Reagan o Kissinger, esos grandes cabrones de la historia). Y pasaron los años. Y el del camisón de cuadros acertó en todo.

🎪 Crítica a los progres: Lucas siendo más Monty Python que los Monty Python

Usar a los Jedi como analogía de la izquierda estadounidense es una jugada maestra. Algo que ya habían hecho los Python en La vida de Brian, con la escena del circo político. Pero Lucas, que es un crío atrapado en el cuerpo de un señor de avanzada edad (y más listo de lo que muchos creen), no usa la parábola fácil.

Lo que los Python critican en esa escena no es la identidad de género, sino la deriva de la izquierda liberal de los 80: la lucha por “el derecho” en vez del hecho. Es fácil decir que hay que luchar por un trabajo digno, pero si como Estado no le dices a Roig que igual está feo tratar así a tus trabajadores, tus tiendas no deberían operar en mi país.

Y ahí entra George Lucas, que hace la jugada maestra: ¿y si mi generación de hippies de los 70, en realidad, es una religión dogmática y represiva disfrazada de paz y amor?

🌌 Star Wars va de ciclos: matiz, rima y choque generacional

Los Jedi son una orden hermética, estatal, burocrática. Dicen defender la paz, pero no ven sus propias contradicciones. Prohíben el amor porque lo confunden con posesión. Los putos hippies, tú.

Aquí hay una crítica profunda a cómo los libertadores de los 60 acabaron siendo los burócratas moralistas de los 80. Los que ahora impiden que sus hijos e hijas cuestionen lo establecido. El orgullo masculino herido. El “tú no tienes ni idea”. El “eso ya lo intentamos en el 73”.

Star Wars va de ciclos. La filosofía Jedi viene del sintoísmo. El camino de Skywalker al Lado Oscuro no se debe a que “era violento”, sino a un contexto que no le dio amor ni apoyo: su madre muerta por una guerrilla fundamentalista; su origen constantemente cuestionado; su clase social recordada con desprecio; rodeado de pijos con túnica que van de pacifistas pero no pisan los barrios bajos de Coruscant.

🔥 La redención de Anakin: la rima, el ciclo, la lucha

La redención de Vader fue por Luke, pero fue más que eso. En ese momento final, Anakin entendió lo que era la Fuerza: no una religión, no una moral. Una energía viva en constante contradicción.

El problema del Lado Oscuro no era solo su violencia, era su visión del mundo. Como los Jedi, creía tener razón. Veía el universo como selva. Como conflicto inevitable. Como una fantasía neoliberal darwinista: la paz es mentira, solo el poder importa.

Live or Die: la única constante.

Star Wars “no es política”. Y, sin embargo, ha definido el pensamiento político de toda una generación. Como Harry Potter. Hubo un tiempo en que era la izquierda la que no salía de los moldes. Ahora es la derecha.

El otro es el Sith. Yo soy el Jedi. Nadie entendió la rima.

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